lunes, 2 de marzo de 2015

La investigación de la ONU acusa a Israel de matar al militar español





Ya es oficial. Tal como publicó Elespiadigital.com el pasado 22 de febrero (Según investigadores de la ONU, el ataque israelí que mató al soldado español Francisco J. Soria fue deliberado. El Gobierno español sigue en su intolerable silencio habitual) el proyectil que el pasado 28 de enero mató al cabo español Francisco Javier Soria Toledo en el sur del Líbano fue disparado por el Ejército israelí, tal y como concluye el informe de la comisión de investigación creada por la Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (FINUL). “Existen suficientes evidencias técnicas para atribuir la responsabilidad del disparo [del proyectil que alcanzó la torre donde estaba el cabo español] a las Fuerzas Armadas de Israel”, asegura.

El documento, fechado el pasado 12 de febrero y elaborado por una comisión de investigación encabezada por un coronel, señala que la muerte del casco azul español la causó un proyectil de artillería de 155 milímetros de calibre “disparado desde el sur de la línea azul [que separa Líbano de Israel] durante el fuego de represalia del IDF [Fuerzas de Defensa de Israel] tras ser alcanzado un convoy del Ejército israelí en un ataque reivindicado por [la milicia chií libanesa] Hezbolá”.

El informe explica que, hacia las 11.30 del 28 de enero, se informó del lanzamiento de cohetes desde el sur de Líbano, inmediatamente después de que, a unos cinco kilómetros al este de las granjas de Shebaa, Hezbolá atacara con IED (artefactos explosivos improvisados) y seis misiles antitanque un convoy del Ejército israelí, causando dos muertos y siete heridos.

Los investigadores reconocen que, a las 11.39, el Ejército israelí, a través de los canales de enlace con el cuartel general de la FINUL en Naqura (Líbano), advirtió de que todos los cascos azules de la ONU, “y en particular de los del sector este”, debían permanecer en sus puestos y evitar salir al exterior. Se trataba de un claro aviso de que Israel se disponía a atacar el sur del Líbano.

A las 11.39 el Ejército isralí avisó de que las tropas de FINUL debían quedarse en sus puestos y no salir

Entre las 11.48 y las 13.43 impactaron en la zona 118 proyectiles de artillería y morteros

El mando de la FINUL pidió información adicional, pero Israel no la facilitó, añaden los investigadores. Este punto resulta controvertido, pues el aviso que recibió el jefe del sector este de la FINUL (precisamente un militar español) no aludía a toda su zona de responsabilidad, sino solo al área de las Granjas de Shebaa, donde se intentaron evacuar dos puestos de cascos azules indios.

En todo caso, el capitán español al frente del puesto 4-28, próximo a la localidad de Ghayar, ordenó acuartelar el destacamento y regresar a las patrullas. A las 12.24, impactó un proyectil contra la torre de vigilancia G-7, que contaba con una puerta de hierro y paredes de hormigón. A las 12.46 se activó un helicóptero medicalizado para evacuar al cabo herido en el ataque, y a las 13.37, mientras proseguían los bombardeos israelíes, se informó de su fallecimiento. En total, entre las 11.48 y las 13.43. el Ejército israelí disparó sobre la zona 118 obuses de artillería, 90 granadas de mortero y cinco proyectiles de tanque. Al menos 20 de las granadas de mortero contenían fósforo blanco, según el informe.

Los investigadores no se pronuncian sobre si el ataque se debió a un error o fue intencionado, ni si la respuesta a la agresión de Hezbolá fue o no desproporcionada. Se limitan a describir los hechos, pero dejan sobre la mesa del Gobierno español, y también de la ONU, la responsabilidad de decidir qué paso deben dar.

Hasta ahora, España no ha presentado ninguna queja diplomática ante Israel y el Consejo de Seguridad de la ONU, del que España forma parte, se ha limitado a formular una declaración en la que condena la muerte del casco azul y reclama una investigacíón inmediata y exhaustiva, pero sin señalar al presunto responsable.

Las conclusiones de la comisión de investigación, basadas en el análisis de los restos de la munición y la trayectoria de los proyectiles (seguida por los radares de la ONU), no deja dudas: Soria murió por fuego israelí.

La investigación exculpa a la propia FINUL y al batallón español de cualquier responsabilidad, al asegurar que se cumplieron los planes y directrices previstos y que las medidas de protección fueron adecuadas. La “rápida y decidida” aplicación de los protocolos, añade, permitió frenar la escalada y evitó mayores daños. Pese a ello, los investigadores proponen revisar el marco regulatorio y las medidas de protección y sugieren instalar cámaras en los puestos de vigilancia de la ONU.

Análisi: Reconsiderando la muerte del Cabo Francisco Javier Soria

Por José María Manrique*

El contexto

El pasado 18 de enero, domingo, dos helicópteros israelíes mataron al general Mohammed Ali Allahdadi de la Guardia Revolucionaria iraní (Pasdarán) y a seis jefes de Hezbolá (“el partido de Alá”, chiíes libaneses) al Norte de Kuneitra, en Siria meridional, al destrozar con sendos misiles los dos vehículos en los que viajaban.

El 28 de enero, miércoles, Hezbolá atacó un convoy del ejército israelí compuesto por dos vehículos, en los Altos del Golán (en las Granjas de Shebaa, una zona ocupada por Israel en la confluencia de las fronteras de Líbano y Siria), matando a dos soldados muertos y siete heridos. Según medios israelíes, Hezbolá utilizó colocó varias minas y lanzó cinco misiles antitanque Kornet de fabricación rusa. Israel ha reconocido dos muertos, el mayor Yohai Klangel y el sargento Dor Nini. Hezbolá habló de nueve vehículos dañados. También se lanzaron, posteriormente, algunos cohetes desde Líbano contra Israel.

Ambos ataques se produjeron antes de las doce del mediodía, es decir, a plana luz, pero con el agravante de que el segundo se hizo a pesar de la alerta máxima que había decretado Israel. El comando libanés que lo realizó tuvo que infiltrarse en territorio judío y pudo salir de él tras el ataque. Esa zona de la “frontera” está vigilada por fuerzas de la ONU (FINUL), concretamente indias.

Esta ha sido la mayor escalada desde una guerra de 2006, cuando Hezbolá e Israel libraron una guerra de 34 días en la que murieron 120 israelitas y más de 500 libaneses, y que supuso, prácticamente, una victoria defensiva para los segundos.

Estas acciones se enmarcan dentro de las consecuencias de la guerra que asola Siria, provocada por milicias suníes ahora pertenecientes al “califato islámico” (IS) que también ocupa gran parte Iraq. En este contexto, Hezbolá y Siria, con el apoyo de Irán, están reforzando su colaboración para fortalecer un nuevo frente contra el “ejército islámico” e Israel en una estrecha franja de 150 km de largo entre las montañas de Qalamoun y el Monte Hermon, en estratégico Golán sirio.

El Califato wahabista-suní parece estar promovido por Arabia Saudí y los Emiratos, impulsores también de esa corriente del Islam, aunque Israel, Estados Unidos, Inglaterra y otras naciones europeas los apoyen en la práctica, al menos como forma de derrocar el régimen sirio. De hecho, y a pesar de bombardeos aéreos más o menos eficaces, son quienes suministran armas al "califato" y le compran el petróleo que explota tras haber conquistado parte de Iraq. Lo que es incontestable es que ninguno de los países citados ejecuta ataques terrestres, a pesar de las salvajadas con que, casi a diario, nos horrorizan los medios de comunicación. Por supuesto, nada de hablar de boicot, como sí hacen a Rusia.

Tras las confusas “primaveras árabes”, Israel se ha quedado prácticamente sin musulmanes enemigos. Solo queda Irán, pues el resto o son las prácticamente aliadas monarquías wahabistas-suníes (Arabia Saudí y Emiratos) o son estados en guerra “civil” o desechos. Jordania, uno de cuyos pilotos ha sido recientemente quemado vivo por los miembros de “califato”, está maniatada y entregada a Estados Unidos Marruecos, que en tiempos mandó una brigada a luchar junto a Siria en los Altos del Golán, hoy, por supuesto, está del lado norteamericano (al menos de momento).

La muerte del Cabo Francisco Javier Soria

Apenas acabados los fastos oficiales de la conmemoración en España, incluso con presidencia de la Corona, de la “Liberación de Auschwitz” por el Ejército Rojo (27 de enero de 1945; por cierto, muchos presos huyeron con los alemanes antes de caer en manos rusas), y a pesar de que, por ejemplo, un reciente manual de la Comunidad de Madrid llama a la “defensa” del Estado de Israel (Madrid enseña en las escuelas que Israel es una “necesidad para Occidente"), Israel a matado a un soldado español en el Líbano.

Israel hizo fuego de hostigamiento y represalia sobre la zona, porque Hezbolá, después de tal ataque, seguramente dejó en marcha dispositivos temporizados para disparar cohetes. El ataque de Israel, en los vídeos, muestra que riega con fósforo blanco vaguadas y posibles puntos de asentamientos de armas y guerrilleros (explosiones a tiempos con “humo” blanco que “llueve” sobre el suelo), además de morterazos sobre caminos y puntos concretos (explosiones en el suelo, polvo). Puede que los proyectiles de fósforo sean también de mortero, dada su relativa poca potencia.

Pensemos por un momento que Israel quisiera dar también un aviso a los cascos azules para que “vigilen mejor” e impidan movimientos. Para el Estado Judío, presumiblemente, los cascos azules españoles (la brigada mandada por ellos) han “permitido” el ataque con su “dejación”.

Las fotos de la torre de vigilancia, metida prácticamente en la base, aunque fuera de ella, y a muy pocos metros de la frontera, muestran un impacto directo casi en la ventana de observación, que hace un boquete de aproximadamente un metro de diámetro en el hormigón armado con el haz de ojiva, mientras que la metralla de “las alas” del haz de cuerpo destrozan la barandilla y el alero. La parte que destroza la barandilla incide también sobre el terreno delante de la puerta de la base, donde está el Vempar de control de entrada desde el que se graba la explosión.





Tampoco parece propio de los obuses de 155 típicos israelitas, pues el bombardeo es de morteros, según los efectos (fotos de las explosiones en el suelo y en el aire), aunque se haya mencionado por fuentes periodistas fuego de artillería.





Este disparo, de clara trayectoria tensa y magnífica precisión, con esos importantes efectos de penetración, es muy difícil que sea de mortero, pues la trayectoria curva del mismo incidiría sobre la pared vertical de la torre, a unos 13/15 metros de suelo con un ángulo mínimo, de tal forma que, seguramente, produciría un revote.


Puestos a buscar una explicación, pues parece que los disparos que tan oportunamente grabaron los ocupantes de Vempar que cortaba el acceso a la Posición 4-28, y que no menos curiosamente saltaron sin censura a todas las televisiones, fueron dos y tan “próximos” a la posición que uno da en la torre y el anterior seguramente cayó en la inmediata frontera, hay que pensar en que algo raro ocurrió a los muy preparados miembros del ejército israelí. Tanto que, aunque sea como hipótesis de trabajo, hay que descartar que el que impactó en la torre fuera producido por mortero u obús.





Todo hace pensar que es de cañón de carro (el misil contracarro también podría ser, pero tiene menos potencia “rompedora”) haciendo fuego desde zonas de rodadas (posibles asentamientos) distantes poco más de 2 km del puesto. Repasen las imágenes.

Si Israel hubiera querido mandar el “mensaje” que suponemos, podría incluso haber disparado primero un morterazo, el que queda primero grabado en el vídeo, y luego el disparo de carro, de forma que, por ser más veloz el segundo y recorrer una trayectoria tensa, hubieran llegado casi a la vez. De esta forma, entre los restos de metralla aparecerían dos “colas”, la típica del proyectil de mortero y la no menos típica, aunque no lo sepa el gran público, de los proyectiles de carro con cañón de ánima lisa.

El Merkava judío, como el Abrams norteamericano, tienen un cañón de 120 mm derivado del que utiliza el Leopard. Pues bien, hay toda una gama de proyectiles rompedores (HE) y perforante-rompedores, todos subcalibrados en general (pierden una carcasa -sabot-al salir del cañón, con lo que aumentan su velocidad al reducir su calibre), que tienen una morfología muy similar a los de mortero. No en vano los tubos de ambas armas son de ánima lisa y sus proyectiles necesitan, por lo tanto, aletas para estabilizarse en su vuelo.

¿Premeditación?

Y respecto a la intencionalidad, recordemos que los hebreos tienen eficacísimos medios de observación y dirección del tiro, y conocen perfectamente la situación de los puestos de FINUL, a pesar de lo cual, y de las peticiones españolas de alto el fuego para que pudiera ser evacuado el herido, siguieron haciendo fuego. Con nuestro camarada van ya 292 cascos azules muertos en el Líbano desde 1978 (13 españoles), muchos por fuego difícilmente disculpable de Israel. Y eso por no hablar del Conde Folke Bernadotte, sueco mediador de las Naciones Unidas, asesinado a tiros en 1948, y otros hasta 1978. Como bien escribió esta página, más recientemente un observador francés de la ONU fue asesinado en 2005 cerca de las Granjas de Shebaa por un proyectil de un carro israelí y otros cuatro murieron en un ataque aéreo israelí en Jiam durante la guerra de 2006; en 1996 Israel atacó un refugio de la ONU en Qana durante una operación contra el Líbano causando la muerte a 107 civiles.

Por cierto, ningún representante de Israel estuvo en los actos de exhumación del soldado español. En último extremo, la discusión se puede, si se quiere, solventar sobre el terreno, analizando los restos del proyectil (formas y marcajes de fábrica) y los “trallazos” (análisis del embudo, tipo de la “mariposa”, etc.), cosa que no se ha hecho, al menos públicamente, ni parece que vayamos a hacer: nos creeremos lo que digan otros.

También debería conocerse los registros de los radares contramorteros de la ONU, que parece ser “no vieron” la trayectoria que mató a nuestro cabo, lo que vuelve a inducir pensar que fue un disparo de carro (los radares esos solo pueden seguir trayectorias curvas).

Solo porque la vida de un soldado español lo merece, nuestro honor nacional está en juego y, en ambos casos, no puede quedar ni una sombra de duda.

Por eso, nuestra comisión de investigación debe ser totalmente independiente, pues puede que Israel esté interesado en encubrir al culpable del error o de la premeditada respuesta.

En el 98 el Maine se hundió por una explosión interna, pero, eso que lo han reconocido los norteamericanos hace poco, lo negaron entonces y les sirvió de excusa para la guerra.

*Coronel de Artillería (Retirado)
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